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Jul

12

VEE #050 – El curioso caso de Benjamin Button

El curioso caso de Benjamín Button
de Francis Scott Fitzgerald

Allá por 1860, todavía se consideraba apropiado nacer en casa. En la actualidad, según tengo entendido, los sumo sacerdotes de la medicina han dispuesto que el primer llanto de los recién nacidos debe emitirse en el aire anestésico de un hospital, a ser posible de uno de postín. Por eso, el joven señor Roger Button y su señora esposa se anticiparon cincuenta años a la oda de su época cuando, un día de verano de 1860, decidieron que su primer hijo naciera en un hospital. Nunca se sabrá si ese anacronismo tuvo alguna influencia sobre la asombrosa historia que voy a relatar a continuación.

Les contaré lo que ocurrió y juzguen ustedes mismos.

¿Quieres leer el resto del texto? Hazte fan de Voces en español en la página de Facebook para descargar la transcripción allí. También, podrías comprar la novela de F. Scott Fitzgerald en Amazon.com.

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Jun

13

VEE #049 – Mr. Taylor, segunda parte

Escucha a la primera parte

El cuento “Mr. Taylor”, Segunda parte
de Augusto Monterroso

Contados meses más tarde, en el país de Mr. Taylor las cabezas alcanzaron aquella popularidad que todos recordamos. Al principio eran privilegio de las familias más pudientes; pero la democracia es la democracia y, nadie lo va a negar, en cuestión de semanas pudieron adquirirlas hasta los mismos maestros de escuela.

Un hogar sin su correspondiente cabeza teníase por un hogar fracasado. Pronto vinieron los coleccionistas y, con ellos, las contradicciones: poseer diecisiete cabezas llegó a ser considerado de mal gusto; pero era distinguido tener once. Se vulgarizaron tanto que los verdaderos elegantes fueron perdiendo interés y ya sólo por excepción adquirían alguna, si presentaba cualquier particularidad que la salvara de lo vulgar. Una, muy rara, con bigotes prusianos, que perteneciera en vida a un general bastante condecorado, fue obsequiada al Instituto Danfeller, el que a su vez donó, como de rayo, tres y medio millones de dólares para impulsar el desenvolvimiento de aquella manifestación cultural, tan excitante, de los pueblos hispanoamericanos.

Mientras tanto, la tribu había progresado en tal forma que ya contaba con una veredita alrededor del Palacio Legislativo. Por esa alegre veredita paseaban los domingos y el Día de la Independencia los miembros del Congreso, carraspeando, luciendo sus plumas, muy serios, riéndose, en las bicicletas que les había obsequiado la Compañía.

Pero, ¿qué quieren? No todos los tiempos son buenos. Cuando menos lo esperaban se presentó la primera escasez de cabezas.

Entonces comenzó lo más alegre de la fiesta.

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Las meras defunciones resultaron ya insuficientes. El Ministro de Salud Pública se sintió sincero, y una noche caliginosa, con la luz apagada, después de acariciarle un ratito el pecho como por no dejar, le confesó a su mujer que se consideraba incapaz de elevar la mortalidad a un nivel grato a los intereses de la Compañía, a lo que ella le contestó que no se preocupara, que ya vería cómo todo iba a salir bien, y que mejor se durmieran.

Para compensar esa deficiencia administrativa fue indispensable tomar medidas heroicas y se estableció la pena de muerte en forma rigurosa.

Los juristas se consultaron unos a otros y elevaron a la categoría de delito, penado con la horca o el fusilamiento, según su gravedad, hasta la falta más nimia.

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Apr

11

VEE #044 – La Última Cena

Una charla sobre el cuadro “La Última Cena” de Leonardo da Vinci.

Música en este episodio: “Morir non puo il mio cuore” y “Cantiem lieti cantiamo” del Hilliard Ensemble

La transcripción de este episodio: “La Última Cena”

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Mar

29

VEE #043 – El miedo al mono

Una charla con Luis (uno de los lectores de Cody’s Cuentos) acerca de la historia fascinante del Darwinismo en España.

Foto de la etiqueta del licor, Anís del Mono, que tiene la inscripción: “Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento.”

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Mar

28

VEE #042 – El talentoso Sr. Huntington

Uno de los mecenas de arte y cultura españoles más importante en la historia no es un español ni un europeo sino un norteamericano filántropo llamado Archer Milton Huntington. Nacido en Nueva York en 1870, Huntington fue un apasionado por la cultura y el arte españoles de todas las épocas. Hijo adoptado de un magnate de ferrocarriles en EE.UU. Huntington creció en un ambiente social muy culto y muy rico con maestros privados y muchas oportunidades de viajar a Europa.

Realizó sus primeros viajes a España atraído por la figura del Cid Campeador. Huntington hizo una edición en inglés del famoso Poema del Cid. También, a Huntington le fascinaba la arqueología. De hecho el sueño de Huntington era hacerse un verdadero arqueólogo. En 1898 tuvo su oportunidad de cumplir su sueño. En aquel año Huntington emprendió un viaje a España dirigiéndose a Sevilla, a la búsqueda de libros y también para sumergirse en la cultura. Cerca de Sevilla están las ruinas de la ciudad romana de Itálica, considerada secularmente como Sevilla la Vieja y durante su estancia en España, Huntington conoció al arqueólogo francés Arthur Engel, quien le ofreció la posibilidad de continuar sus excavaciones en un terreno que tenía arrendado y que se disponía a abandonar.

Sin vacilar, Huntington se hizo cargo del arriendo del terreno y comenzó así a excavar en Itálica, a las afueras de la ciudad romana, en una zona de necrópolis. Pudo así palpar de primera mano los vestigios y las huellas de los habitantes de la antigua e ilustre ciudad romana de Hispania fundada por Pubio Cornelio Escupión el Africano. La excavación, iniciada en febrero de 1898, hubo de ser bruscamente interrumpida en abril por el estallido de la Guerra de Cuba, pero la experiencia había sido, en opinión de Huntington, formidable.

Huntington, un gran bibliófilo, se dedicó por entero al conocimiento de la cultura hispana y a crear un museo para su estudio y difusión.

En *1908, diez años después de su primera experiencia en Itálica, Huntington fundó la Sociedad Hispánica de América (Hispanic Society of America) que hoy en día es uno de los museos más importantes de la cultura española fuera de España. Ubicada en la ciudad de Nueva York, la Sociedad Hispánica tiene una biblioteca con una gran colección de más de 250.000 libros que tienen que ver con España, Portugal y sus colonias. De esta cifra, 15.000 de estos fueron imprimidos antes del s. XVII. La biblioteca también contiene varios de las escritos de Sor Juana Inés de la Cruz, una de los escritoras más importantes en la historia de la lengua española.

Ahora, en 2009, por primera vez en España, se muestra la colección arqueológica del señor Huntington. Hasta el 30 de abril de 2009, se puede ver la colección en el Museo Arqueológico Regional de Madrid. Luego, entre mayo y julio, se puede verla en Sevilla en el Centro Cultural de la Fundación Cajasol.

(*Corrección: Huntington fundó la Sociedad Hispánica de América en 1904 y su museo abrió en 1908.) in

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Feb

18

VEE #040 – Un día de estos

de Gabriel García Márquez

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.

Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.

Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.

-Papá.

-Qué.

-Dice el alcalde que si le sacas una muela.

-Dile que no estoy aquí.

Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.

-Dice que sí estás porque te está oyendo.

El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:

-Mejor.
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Jan

29

VEE #039 – Casa tomada

Un cuento de Julio Cortázar

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
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Dec

31

VEE #038 – Hablando con mi portero

Entrevista con Matias, el portero de mi edificio, en la que nos habla de su pueblo, Ávila, y sus lugares favoritos de Madrid, entre ellos, la Plaza de Oriente.

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Dec

17

VEE #037 – Del solomillo a la sopa de ajos

Escritor Miguel Aranguren cree que todo tiene su lado positivo, incluso la crisis económica actual. Haz clic aquí por un PDF del texto.

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Nov

29

VEE #036 – SpanishPodcast.org

La segunda parte de la charla con Mercedes León de SpanishPodcast.org En este episodio habla del desarrollo de su podcast de lengua española y nos da algunos consejos para perfeccionar nuestro español.

Haz clic aquí para la transcripción.

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