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Feb

9

Jaulas de cristal

El fenómeno de los barrios privados en la Argentina
por Verónica Pamoukaghlián

El boom de los barrios privados en la Argentina se manifestó notoriamente durante la ilusoria época de abundancia y glamour del gobierno de Carlos Saúl Menem en los años noventa. Mientras las clases altas se hacían cada vez más ricas, y viajaban con frecuencia a los Estados Unidos con el poder de su moneda que se mantenía a la par del dólar, las clases bajas se empobrecían, y el crimen aumentaba. El fenómeno de los secuestros para pedir rescate, comunes en otros países de Latinoamérica, pero raros en el Río de la Plata, comenzó a extenderse en el país. Esta situación fue el terreno fértil para un nuevo negocio millonario: el de los barrios privados.

En todo el país comenzaron a erigirse verdaderas mini-ciudades, rodeadas por muros y vallas de seguridad. Con piscinas, parques deportivos, y centros sociales, entre otros servicios, los barrios privados se extendieron por las afueras de las ciudades como fortalezas. Allí, las familias de alto poder adquisitivo se encontraban seguras, lejos de los pobres, los criminales y los vagabundos. Los niños podían jugar en los parques sin temor a los secuestros, andar libremente en bicicleta, o relacionarse con los vecinos, asumiendo que, entre “gente como uno”, seguramente no hay criminales.

Lamentablemente este cuento de hadas acabó tan tristemente como la presidencia de Menem, con su desastre económico social, y la dramática suba del dólar (de 1 a 3 pesos). Luego de varios casos de asesinatos en countries y barrios privados, cometidos por vecinos y miembros de una misma familia, la ilusión de vivir “lejos del crimen” se perdió. Por otro lado, hubo también varias estafas, donde mucha gente compró la casa de sus sueños antes de que ésta estuviera construida, y los barrios nunca llegaron a terminarse, o se parecían bastante poco a lo que prometían los anuncios publicitarios en un principio.

Aunque la burbuja del “mundo perfecto” se pinchó por varios lados, desde los 90 al 2008, el fenómeno continuó, y el auge inmobiliario de los barrios privados no se detiene. Otro aspecto de este modo de vida que se puede poner también en tela de juicio es el aspecto de irrealidad intrínseco en el concepto del barrio privado; un niño que va a un colegio privado y vive en un barrio privado realmente crece, valga la redundancia, en una burbuja, con todas las ventajas y desventajas que esto conlleva. Estos niños estarán tal vez más protegidos de ciertos peligros que abundan en las ciudades, pero también vivirán aislados de la realidad a la que pertenecen, y tendrán solamente un punto de vista de ella.

La polarización de las sociedades es siempre peligrosa, y los barrios privados tienden a exacerbarla y a marcar más la diferencia de clases. Con el panorama de clases medias debilitadas que dejaron las dictaduras militares en Latinoamérica, de las cuales casi ningún país ha logrado recuperarse; no sólo ya la Argentina sino toda nuestra región continúa siendo, para bien o para mal, un terreno fértil para la proliferación de los barrios privados, desde México hasta la Tierra del Fuego.

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