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Sep

8

La ignorancia y el resentimiento: La inmigración ilegal en EE.UU.

Hoy os presento una entrada de un guest blogger. Nuestro escritor invitado, Ryan, es un traductor profesional que trabaja en California además de tener su propio blog, www.thelinguistblogger.wordpress.com, que trata de diversos temas lingüísticos y del aprendizaje de idiomas.

Hace unos meses yo y mi señora nos encontrábamos en la casa de unos amigos indocumentados, un chileno y una argentina. Son buena gente que tienen cuatro hijos revoltosos. El esposo estuvo sin trabajo por unos meses y se atrasaron con el pago del alquiler. El administrador de los apartamentos, conocido por ser racista, mentiroso y estafador, quería echarlos y, aunque el esposo tenía otro trabajo y habían cancelado toda su deuda, hizo que la corte les mandara una orden de desalojamiento en vez de seguir recibiendo el alquiler mensual. El abogado del dueño de los apartamentos trató de cobrarles multas de atraso excesivas además del precio de sus propios servicios legales pero ellos afirmaban que ya habían pagado lo que debían y no tenían por qué pagar todas esas multas adicionales. Cada vez que recibieron una carta del abogado se aumentó la cifra.

Ya que la situación se ponía engorrosa, les aconsejé a mis amigos que procuraran los servicios de un abogado, lo cual hicieron sin resultados. Nadie aceptaría su caso porque, aunque su caso era fácil de resolver, eran ilegales. En medio de su frustración, mi amigo dijo, Cuando quieren que uno trabaje en sus restaurantes o en sus campos no piden papeles pero cuando yo necesito algo me dicen que no me pueden ayudar porque no tengo papeles. Ésa fue la primera vez que me había dado cuenta de la hipocresía de la comunidad norteamericana con respecto a la inmigración ilegal.

Si realmente lo quisieran, los estadounidenses podrían disminuir la inmigración ilegal considerablemente. La pena máxima de alojar o contratar a residentes indocumentados, o conspirar a fin de realizar tal delito, es una multa de 10 mil dólares o cinco años de encarcelamiento. El lugar de trabajo de la gran mayoría de los indocumentados no es ningún secreto y le sería bastante fácil a la policía encontrarlos y, consecuentemente, a sus empleadores y dueños de sus hogares. Demandar y comprobar la culpa de estos dueños de viviendas y empleadores tampoco sería algo tan complicado. Después de encarcelar al uno por ciento de ellos, o cobrarles cada centavo de los 10 mil dólares, la mayoría de los demás correría a sus inquilinos y empleados indocumentados sin que la ley hiciera nada más. Si los indocumentados no tienen donde trabajar ni vivir en los EE.UU. es dudable que se queden o que sigan viniendo miles de ellos todos los años.

Es cierto que habría otras complicaciones y que varios indocumentados seguirían viviendo en el país pero creo que si esta ley contra los empleadores y dueños de vivienda se hiciera cumplir la inmigración ilegal a los EE.UU. dejaría de ser una polémica tan incandescente como la es en este momento. ¿Por qué es, entonces, que este problema sigue ahora más fuerte que nunca? ¿Por qué se enoja tanto la gente de Arizona, Texas, Nuevo México, Virginia y de otros estados americanos contra los inmigrantes en vez de enojarse con los líderes que ellos mismos eligieron?

El motivo principal es ignorancia. La mayoría de los estadounidenses no sabe que estas leyes ya existen o que muy rara vez se hacen cumplir. No saben que el precio razonable de los productos agrícolas, restaurantes, hoteles y de muchas otras cosas se debe a que los trabajadores indocumentados aceptan partirse la espalda trabajando por un sueldo mínimo, e incluso menos. No se dan cuenta de que un gran porcentaje de los soldados que los protegen son hijos de inmigrantes. No reconocen que la gran mayoría de los inmigrantes es exactamente como sus tatarabuelos: simples campesinos que buscan una vida mejor. Esta ignorancia dirige mucho resentimiento a un pueblo que no desea cambiar las tradiciones, idioma ni cultura de los EE.UU. ni tampoco plagar sus calles con drogas y violencia pandillera.

Algo que contribuye mucho a esta ignorancia es el monolingüismo. Después de casarse conmigo, mi esposa se encontró acompañada por hispanos con mucha más frecuencia que antes. Uno de ellos fue nuestro vecino Antonio, un señor mexicano ya mayor de edad que se levantaba a las 4:00 de la madrugada para trabajar en una fábrica de tejas. Antonio y su señora fueron unos de los mejores vecinos que jamás hemos tenido. Por medio de mí y la docena de palabras que mi esposa sabe en español, ella logró conocerlo un poco. Un día comentó que, Antonio es igual que cualquier americano de su edad. Le gusta pasar tiempo con los nietos, tener barbacoas con la familia y cuidar su antejardín. Puede que ese comentario no parezca muy profundo pero es un buen ejemplo de la sorpresa de mi esposa, que representa la de muchos norteamericanos monolingües, al darse cuenta de que un mexicano puede ser igual a un estadounidense.

Me acuerdo de la primera vez que estuve en un supermercado en los EE.UU. después de vivir un par de años en la hermosa República de Chile. Toda mi vida antes de aquel entonces me pregunté ¿qué diablos decían esos mexicanos? Siempre supuse que a lo mejor decían cosas que no querían que supieran los diablos blancos. Eran tonterías rezagadas de mi infancia. Me sentí totalmente ridículo al acercarme disimuladamente a una madre mexicana con sus hijos, fingiendo que me interesaba comprar alguna comida enlatada, para entender sus palabras secretas de conspiración: ¡Mira! ¡Que subió el precio de los frijoles! Si más norteamericanos aprendieran español se darían cuenta de que estos hispanos no son invasores y que cuando hablan en español dicen casi lo mismo que ellos mismos dicen en inglés.

Si este problema proviene de una ignorancia que, en parte, proviene de un estado de monolingüismo parece que el bilingüismo sería una solución fantástica. Además de poder hablar con el vecino, el obrero y el camarero, conviene que los gringos aprendan el español porque México, Centro América y el Caribe son sus vecinos y llevarse bien con los vecinos es algo que conviene a todos. La región andina y el Cono Sur también son lugares preciosos que los americanos podrían pasar a conocer especialmente mientras hacer turismo en Europa sea tan caro. Tampoco hay que olvidar a España. (Una vez hice una pregunta bastante inmadura a una profesora de la Argentina, ¿Qué tiene de bueno España? Se le abrieron los ojos hasta parecer platillos y me exclamó, ¡España es un museo viviente!)

¿Qué opinan ustedes? ¿Se aplacaría la ira de los estadounidenses si más de ellos fueran bilingües? ¿Conviene que los norteamericanos aprendan a hablar español o deberían enfocarse más en idiomas como chino mandarín y árabe?

3 Comments

  1. September 8th, 2008 | 1:39 am

    [...] first post as a guest writer for Voices en Español is in English here and in Spanish here. It deals with the immigration controversy in the USA and how monolingual America is [...]

  2. Graham says:
    September 11th, 2008 | 3:46 pm

    ¡Enhorabuena!

    Por estar al otro lado del charco realmente yo no sé mucho sobre la situación en EEUU, pero sí me resultó muy interesante tu artículo.

  3. eleena says:
    September 22nd, 2008 | 4:30 pm

    ¡Gracias por leerlo!

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