Aug
16
La Expo de Zaragoza al sol
Tratar de hablar sobre la Expo de Zaragoza sin herir las susceptibilidades de los que están a favor y en contra, es tarea complicada. Por eso, trataré de describir cómo fue mi visita, evitando – dentro de lo posible – emitir demasiados juicios de valor.
Visité las instalaciones junto a dos amigos el pasado mes de julio. Nos sentimos afortunados por haber conseguido entradas anticipadas, pero ese pensamiento se desvaneció cuando nos enteramos que nosotros también debíamos hacer la larga cola para acceder al predio. Una hora de espera que se nos hizo soportable gracias a que todavía eran las nueve de la mañana, y el sol no estaba en su apogeo.
Una vez dentro, caminamos cien metros para volver a hacer otra hora de cola. En esta ocasión, para conseguir turno para acceder al pabellón español, que habíamos oído por ahí que era uno de los más interesantes junto con el de Japón y su espectacular tsunami.
Terminada la espera, y con los hombros y las caras rojas de hacerle frente al sol, nos dispusimos a pasear por los diferentes pabellones. En la Expo no están todos los países, pero se expone la relación que tienen numerosas culturas de los cinco continentes con respecto al agua y su utilización.
Vale la pena esperar un poco para acceder al pabellón de Corea, que ofrece un audiovisual en tres dimensiones generador de conciencia sobre el uso y el aprovechamiento del agua. En el mismo sentido, el cortometraje proyectado por el pabellón español en un techo circular, destaca por las animaciones y el espectacular sonido.
La Expo también cuenta con un acuario, que no se caracteriza por ser uno de los mejores, pero si no hay gran afluencia de gente se puede disfrutar de las numerosas especies en un recorrido que dura aproximadamente cuarenta minutos.
Lamentablemente, la cola para vivir el tsunami japonés era excesiva. Y los pabellones correspondientes a los países del continente africano, de América Central y de América del Sur son un reflejo de su complicada situación económica. La gran mayoría de los países primermundistas tampoco han demostrado gran ingenio y despliegue visual en sus propuestas: sólo fotografías y dibujos explicativos, objetos característicos y vídeos convencionales.
Recitales, desfiles del Cirque du Soleil, una caminata por el Pabellón Puente y un vistazo al edificio de la Torre del Agua son actividades que también se pueden realizar. En suma, visitar la Expo ameniza perfectamente un día de nuestras vidas rutinarias, pero también nos deja la piel ardiendo por las inclemencias del sol y de las colas y, en mayor medida, el insípido sabor del agua.
-Clarisa Muñoz
Una escena de “El hombre vertiente”, uno de los espectáculos de la Expo de Zaragoza.

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