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Historias de inmigrantes
Para dar la justa dimensión al tema de la inmigración ilegal, es necesario ponerlo en el plano humano. Los inmigrantes ilegales son personas, con historia, sueños y problemas reales. Como Martín, un joven argentino de 22 años, cuya hermana vive y trabaja desde hace cinco años en Mallorca. Cuando Martín, desempleado, luego de que la muerte de su padre dejara a su familia en una situación aún más precaria, intentó entrar en España para reunirse con su hermana, y mejorar sus situación económica, fue retenido en el Aeropuerto de Barajas, y permaneció más de cuarenta y ocho horas en una celda, junto con otros inmigrantes ilegales y criminales. Allí sufrió golpes y malos tratos, y fue testigo de graves violaciones a los derechos humanos. Luego de eso, a Martín no le quedaron ganas de volver a intentarlo, al menos por un tiempo.
Otro caso interesante es el de Laura, que se fue a vivir a Barcelona con su pasaporte italiano, ya que era descendiente de una familia del sur de Italia. Laura consiguió trabajo en una tienda, pero sus ingresos le alcanzaban sólo para alquilar una habitación en un pueblo periférico. Allí compartía departamento con tres chicas paraguayas, que trabajaban limpiando casas, todas ellas ilegales, y casi convivía con el dueño del departamento, que salía con una de las chicas, veinte años menor que él. En el barrio se hizo amiga de unos chicos rumanos, también ilegales, muy simpáticos.
Un día uno de los chicos rumanos, Ilya, le pidió que lo dejara robar en la tienda donde Laura trabajaba, con una máquina que tenía para quitar las alarmas a la ropa. Luego, Laura conoció a Helena, una estudiante peruana, a quien las leyes españolas daban derecho a trabajar 20 horas a la semana, pero, como el permiso de trabajo podía demorar hasta tres meses, al momento en que Helena obtenía el permiso, el empleador ya había encontrado a otra persona para el puesto. Helena acabó trabajando “en negro”, lavando platos por un sueldo de miseria para poder sustentar su vivienda y alimentación, que no estaban cubiertas por la beca con la que había viajado.
En otro extremo, Maia, amiga de la infancia de Laura, trabajaba en una multinacional, luego realizar un posgrado de ingeniería. Maia se había destacado en sus estudios universitarios en Barcelona, y las puertas de España se le habían abierto de par en par, mucho más que a Laura, que había llegado con todos los papeles en regla, pero que no tenía ninguna profesión que se encontrara en alta demanda en el mercado, al momento de su llegada.
Todo esto sin mencionar los incontables casos de trabajo rural en condiciones de cuasi-esclavitud, los casos de desaparecidos polacos o africanos, en los campos de Italia durante la época de la cosecha del tomate, o recogiendo naranjas en el Sur de España. Gente que salió de casa en busca de una vida mejor, y que no sólo trabajó en condiciones infra-humanas, sino que algunos de ellos jamás regresaron, y quizás yacen en alguna fosa común sin siquiera una lápida que los recuerde.
El panorama de la inmigración ilegal incluye todas estas situaciones y muchas más, y el actual endurecimiento de las políticas inmigratorias en Europa está muy lejos de traer soluciones sustentables para esta compleja problemática. Bien es sabido que donde se cierran los puertos aparecen las balsas, los muertos, los cruces de fronteras furtivos en el medio de la noche. Unas leyes más duras no detendrán el flujo emigratorio hacia los países desarrollados, y, hasta el momento, tampoco han servido para combatir el desempleo.
Lo cierto es que la tendencia es observable; las leyes se endurecen y las barreras suben. Falta observar cuál será el resultado a largo plazo de estas políticas, a uno y otro lado de las fronteras.
-Verónica Pamoukaghlián, desde Barcelona
Muy cierto todo lo que dices, Verónica, pero dime, tu, ¿que propones?, ¿que hacemos?, ¿como lo hacemos?, ¿cuando lo hacemos?
Más vale que todos nos preparemos preparemos para competir globalmente, no dar por supuesto que ningun pais nos debe nada, ni el nuestro ni ningun otro.
Como tener un mundo mas pacifico y mas justo? Pavada de problema.
Lamentablemente lo de la competencia global resulta bastante desigual. Ahora mismo estoy con una amiga en un crucero por el Mediterraneo, y ella, solo por ser colombiana no puede alejarse del puerto en Francia, ni tampoco salir por la noche en Italia. Es asi, entre los paises tambien hay clases sociales, para bien o para mal. No todos competimos con las mismas ventajas. Por otro lado, se sabe que de esqueletos de idealistas esta plagado el camino al infierno… No, la verdad que no tengo respuesta para estos temas, tan solo reflexiones.
saludos
veronica
Roberto,
Un saludo.
Gracias por tu comentario. Me alegro de verte por estos lares.