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Aug

2

Todos somos inmigrantes

Personas que desean aprender otro idioma, estudiantes de intercambio, empresarios que trabajan tres meses aquí, seis meses allá, gente que busca un mejor porvenir… ¿quién se salva de ser inmigrante, de ser extranjero, de ser diferente?

En Europa, – y debido a que es tema de candente actualidad -, el fenómeno de la inmigración se considera como una problemática difícil de responder, algo complicadísimo de solucionar.

¿Problemática? ¿Solucionar? ¿Cuándo, en qué época de la historia universal del ser humano NO existió la inmigración? Remitámonos a lo que dice el diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra “INMIGRAR”.

inmigrar.

    (Del lat. immigrāre).
    1. intr. Dicho del natural de un país: Llegar a otro para establecerse en él, especialmente con idea de formar nuevas colonias o domiciliarse en las ya formadas.

Ahora, continuemos con las preguntas: ¿qué diferencia a un universitario que se instala un año en otro país para culminar sus estudios, de un joven que se establece para trabajar y mejorar su calidad de vida con respecto a la que poseía en su país de origen? ¿Cuál de los dos beneficia más al Estado que los acoge? ¿Por qué el estudiante, que en lugar de aportar beneficios económicos para el lugar que lo recibe es mejor visto que aquel que trabaja, por ejemplo, en la construcción, y contribuye con su servicio al crecimiento (o estabilidad) del bienestar social de un país?

Yo soy inmigrante. De aquellos que se van de su país para trabajar en otro y de los que, al cabo de un tiempo, no se sienten ni de un país ni del otro. Ayer llegué de visita a mi lugar de origen. Me reencontré con mi familia y mis amigos de toda la vida. Muchos de ellos no se movieron de aquí, pero sí se independizaron y se mudaron, en algunos casos, a veinte kilómetros de su localidad, para vivir en el centro de la ciudad. Ellos también son inmigrantes. Cuando regresan a su pueblo para visitar a su familia, sienten la necesidad de quedarse más de lo que pueden, pero al poco tiempo necesitan de su segundo lugar. La dicotomía del “Ni de aquí, ni de allí”.

Por eso: ¿quién se salva de ser inmigrante?

Hace unos meses pude compartir una charla con un grupo de raperos de entre dieciocho y veintitrés años que colaboraron conmigo en la realización de la banda sonora de un documental llamado “Ecuapop” que hice sobre inmigración. Ellos afirmaban que “…para nosotros no hay nacionalidades, no hay razas ni colores. Aquí somos más multicolores que la Benetton, pero todos somos iguales”. Instantáneamente pensé: ¡Qué equivocados que están! Pero no dije nada, porque tal vez son demasiado jóvenes y necesiten las vivencias de más años para darse cuenta de que todos somos lo contrario: diferentes, como el amarillo al negro, o el marrón al blanco (lástima que el blanco siempre lleve las de ganar, y eclipsa con su soberbia a las diferentes variedades cromáticas de la paleta).

Diferentes, para mí, todos somos diferentes.

Aunque, quizás, los raperos tengan algo de razón si pensamos que nos igualamos en sólo una cosa: en la condición de que TODOS SOMOS INMIGRANTES.

-Clarisa Muñoz

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