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Jul 12, 2009

VEE #050 – El curioso caso de Benjamin Button

El curioso caso de Benjamín Button
de Francis Scott Fitzgerald

Allá por 1860, todavía se consideraba apropiado nacer en casa. En la actualidad, según tengo entendido, los sumo sacerdotes de la medicina han dispuesto que el primer llanto de los recién nacidos debe emitirse en el aire anestésico de un hospital, a ser posible de uno de postín. Por eso, el joven señor Roger Button y su señora esposa se anticiparon cincuenta años a la oda de su época cuando, un día de verano de 1860, decidieron que su primer hijo naciera en un hospital. Nunca se sabrá si ese anacronismo tuvo alguna influencia sobre la asombrosa historia que voy a relatar a continuación.

Les contaré lo que ocurrió y juzguen ustedes mismos.

¿Quieres leer el resto del texto? Hazte fan de Voces en español en la página de Facebook para descargar la transcripción allí. También, podrías comprar la novela de F. Scott Fitzgerald en Amazon.com.

Jun 30, 2009

Con acento y sin acento

A continuación, y como posible punto de referencia, os ofrezco una lista de algunas de las palabras cuya acentuación puede presentar dos formas, ambas aceptadas por la Real Academia Española. (La primera versión de cada palabra es la preferida por la RAE.)

acné o acne

afrodisíaco o afrodisiaco

amoníaco o amoniaco

atmósfera o atmosfera

austriaco, ca o austríaco, ca.

balaustre o balaústre

bimano, na o bímano, na

chófer o chofer

cardíaco o cardiaco

cóctel o coctel

dinamo o dínamo

elixir o elíxir

etíope o etiope

fríjol o frijol

médula o medula

meteoro o metéoro

olimpiada u olimpíada

omóplato u omoplato

pabilo o pábilo

pelícano o pelicano

pensil o pénsil

pentagrama o pentágrama

período o periodo

varices o várices

Jun 13, 2009

VEE #049 – Mr. Taylor, segunda parte

Escucha a la primera parte

El cuento “Mr. Taylor”, Segunda parte
de Augusto Monterroso

Contados meses más tarde, en el país de Mr. Taylor las cabezas alcanzaron aquella popularidad que todos recordamos. Al principio eran privilegio de las familias más pudientes; pero la democracia es la democracia y, nadie lo va a negar, en cuestión de semanas pudieron adquirirlas hasta los mismos maestros de escuela.

Un hogar sin su correspondiente cabeza teníase por un hogar fracasado. Pronto vinieron los coleccionistas y, con ellos, las contradicciones: poseer diecisiete cabezas llegó a ser considerado de mal gusto; pero era distinguido tener once. Se vulgarizaron tanto que los verdaderos elegantes fueron perdiendo interés y ya sólo por excepción adquirían alguna, si presentaba cualquier particularidad que la salvara de lo vulgar. Una, muy rara, con bigotes prusianos, que perteneciera en vida a un general bastante condecorado, fue obsequiada al Instituto Danfeller, el que a su vez donó, como de rayo, tres y medio millones de dólares para impulsar el desenvolvimiento de aquella manifestación cultural, tan excitante, de los pueblos hispanoamericanos.

Mientras tanto, la tribu había progresado en tal forma que ya contaba con una veredita alrededor del Palacio Legislativo. Por esa alegre veredita paseaban los domingos y el Día de la Independencia los miembros del Congreso, carraspeando, luciendo sus plumas, muy serios, riéndose, en las bicicletas que les había obsequiado la Compañía.

Pero, ¿qué quieren? No todos los tiempos son buenos. Cuando menos lo esperaban se presentó la primera escasez de cabezas.

Entonces comenzó lo más alegre de la fiesta.

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Las meras defunciones resultaron ya insuficientes. El Ministro de Salud Pública se sintió sincero, y una noche caliginosa, con la luz apagada, después de acariciarle un ratito el pecho como por no dejar, le confesó a su mujer que se consideraba incapaz de elevar la mortalidad a un nivel grato a los intereses de la Compañía, a lo que ella le contestó que no se preocupara, que ya vería cómo todo iba a salir bien, y que mejor se durmieran.

Para compensar esa deficiencia administrativa fue indispensable tomar medidas heroicas y se estableció la pena de muerte en forma rigurosa.

Los juristas se consultaron unos a otros y elevaron a la categoría de delito, penado con la horca o el fusilamiento, según su gravedad, hasta la falta más nimia.

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Jun 5, 2009

VEE #048 – Mister Taylor

“Mister Taylor”
Escrito por Augusto Monterroso

-Menos rara, aunque sin duda más ejemplar -dijo entonces el otro-, es la historia de Mr. Percy Taylor, cazador de cabezas en la selva amazónica.

Se sabe que en 1937 salió de Boston, Massachusetts, en donde había pulido su espíritu hasta el extremo de no tener un centavo. En 1944 aparece por primera vez en América del Sur, en la región del Amazonas, conviviendo con los indígenas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar.

Por sus ojeras y su aspecto famélico pronto llegó a ser conocido allí como “el gringo pobre”, y los niños de la escuela hasta lo señalaban con el dedo y le tiraban piedras cuando pasaba con su barba brillante bajo el dorado sol tropical. Pero esto no afligía la humilde condición de Mr. Taylor porque había leído en el primer tomo de las Obras Completas de William G. Knight que si no se siente envidia de los ricos la pobreza no deshonra.

En pocas semanas los naturales se acostumbraron a él y a su ropa extravagante. Además, como tenía los ojos azules y un vago acento extranjero, el Presidente y el Ministro de Relaciones Exteriores lo trataban con singular respeto, temerosos de provocar incidentes internacionales.

Tan pobre y mísero estaba, que cierto día se internó en la selva en busca de hierbas para alimentarse. Había caminado cosa de varios metros sin atreverse a volver el rostro, cuando por pura casualidad vio a través de la maleza dos ojos indígenas que lo observaban decididamente. Un largo estremecimiento recorrió la sensitiva espalda de Mr. Taylor. Pero Mr. Taylor, intrépido, arrostró el peligro y siguió su camino silbando como si nada hubiera pasado.

De un salto (que no hay para qué llamar felino) el nativo se le puso enfrente y exclamó:

-Buy head? Money, money.

A pesar de que el inglés no podía ser peor, Mr. Taylor, algo indispuesto, sacó en claro que el indígena le ofrecía en venta una cabeza de hombre, curiosamente reducida, que traía en la mano.

Es innecesario decir que Mr. Taylor no estaba en capacidad de comprarla; pero como aparentó no comprender, el indio se sintió terriblemente disminuido por no hablar bien el inglés, y se la regaló pidiéndole disculpas.

Grande fue el regocijo con que Mr. Taylor regresó a su choza. Esa noche, acostado boca arriba sobre la precaria estera de palma que le servía de lecho, interrumpido tan solo por el zumbar de las moscas acaloradas que revoloteaban en torno haciéndose obscenamente el amor, Mr. Taylor contempló con deleite durante un buen rato su curiosa adquisición. El mayor goce estético lo extraía de contar, uno por uno, los pelos de la barba y el bigote, y de ver de frente el par de ojillos entre irónicos que parecían sonreírle agradecidos por aquella deferencia.

Hombre de vasta cultura, Mr. Taylor solía entregarse a la contemplación; pero esta vez en seguida se aburrió de sus reflexiones filosóficas y dispuso obsequiar la cabeza a un tío suyo, Mr. Rolston, residente en Nueva York, quien desde la más tierna infancia había revelado una fuerte inclinación por las manifestaciones culturales de los pueblos hispanoamericanos.

Pocos días después el tío de Mr. Taylor le pidió -previa indagación sobre el estado de su importante salud- que por favor lo complaciera con cinco más. Mr. Taylor accedió gustoso al capricho de Mr. Rolston y -no se sabe de qué modo- a vuelta de correo “tenía mucho agrado en satisfacer sus deseos”. Muy reconocido, Mr. Rolston le solicitó otras diez. Mr. Taylor se sintió “halagadísimo de poder servirlo”. Pero cuando pasado un mes aquél le rogó el envío de veinte, Mr. Taylor, hombre rudo y barbado pero de refinada sensibilidad artística, tuvo el presentimiento de que el hermano de su madre estaba haciendo negocio con ellas.

Bueno, si lo quieren saber, así era. Con toda franqueza, Mr. Rolston se lo dio a entender en una inspirada carta cuyos términos resueltamente comerciales hicieron vibrar como nunca las cuerdas del sensible espíritu de Mr. Taylor.

De inmediato concertaron una sociedad en la que Mr. Taylor se comprometía a obtener y remitir cabezas humanas reducidas en escala industrial, en tanto que Mr. Rolston las vendería lo mejor que pudiera en su país.

Los primeros días hubo algunas molestas dificultades con ciertos tipos del lugar. Pero Mr. Taylor, que en Boston había logrado las mejores notas con un ensayo sobre Joseph Henry Silliman, se reveló como político y obtuvo de las autoridades no sólo el permiso necesario para exportar, sino, además, una concesión exclusiva por noventa y nueve años. Escaso trabajo le costó convencer al guerrero Ejecutivo y a los brujos Legislativos de que aquel paso patriótico enriquecería en corto tiempo a la comunidad, y de que luego estarían todos los sedientos aborígenes en posibilidad de beber (cada vez que hicieran una pausa en la recolección de cabezas) de beber un refresco bien frío, cuya fórmula mágica él mismo proporcionaría.

Cuando los miembros de la Cámara, después de un breve pero luminoso esfuerzo intelectual, se dieron cuenta de tales ventajas, sintieron hervir su amor a la patria y en tres días promulgaron un decreto exigiendo al pueblo que acelerara la producción de cabezas reducidas.

La segunda parte viene la semana que viene….

May 31, 2009

Lost In.tv: Una videoguía cultural de España

Lost In.tv es un nuevo blog de videos en el que el público puede ponerse al día de varias atraciones culturales en España. En su página web, Lost In.tv se describe como “un escaparate audiovisual sobre eventos, tendencias, personajes y gente” de Alicante, Barcelona, Bilbao y Madrid y muy próximamente, Sevilla. Aquí tenéis el primer episodio de Lost in Barcelona.tv

Apr 11, 2009

VEE #044 – La Última Cena

Una charla sobre el cuadro “La Última Cena” de Leonardo da Vinci.

Música en este episodio: “Morir non puo il mio cuore” y “Cantiem lieti cantiamo” del Hilliard Ensemble

La transcripción de este episodio: “La Última Cena”

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Mar 29, 2009

VEE #043 – El miedo al mono

Una charla con Luis (uno de los lectores de Cody’s Cuentos) acerca de la historia fascinante del Darwinismo en España.

Foto de la etiqueta del licor, Anís del Mono, que tiene la inscripción: “Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento.”

Mar 28, 2009

VEE #042 – El talentoso Sr. Huntington

Uno de los mecenas de arte y cultura españoles más importante en la historia no es un español ni un europeo sino un norteamericano filántropo llamado Archer Milton Huntington. Nacido en Nueva York en 1870, Huntington fue un apasionado por la cultura y el arte españoles de todas las épocas. Hijo adoptado de un magnate de ferrocarriles en EE.UU. Huntington creció en un ambiente social muy culto y muy rico con maestros privados y muchas oportunidades de viajar a Europa.

Realizó sus primeros viajes a España atraído por la figura del Cid Campeador. Huntington hizo una edición en inglés del famoso Poema del Cid. También, a Huntington le fascinaba la arqueología. De hecho el sueño de Huntington era hacerse un verdadero arqueólogo. En 1898 tuvo su oportunidad de cumplir su sueño. En aquel año Huntington emprendió un viaje a España dirigiéndose a Sevilla, a la búsqueda de libros y también para sumergirse en la cultura. Cerca de Sevilla están las ruinas de la ciudad romana de Itálica, considerada secularmente como Sevilla la Vieja y durante su estancia en España, Huntington conoció al arqueólogo francés Arthur Engel, quien le ofreció la posibilidad de continuar sus excavaciones en un terreno que tenía arrendado y que se disponía a abandonar.

Sin vacilar, Huntington se hizo cargo del arriendo del terreno y comenzó así a excavar en Itálica, a las afueras de la ciudad romana, en una zona de necrópolis. Pudo así palpar de primera mano los vestigios y las huellas de los habitantes de la antigua e ilustre ciudad romana de Hispania fundada por Pubio Cornelio Escupión el Africano. La excavación, iniciada en febrero de 1898, hubo de ser bruscamente interrumpida en abril por el estallido de la Guerra de Cuba, pero la experiencia había sido, en opinión de Huntington, formidable.

Huntington, un gran bibliófilo, se dedicó por entero al conocimiento de la cultura hispana y a crear un museo para su estudio y difusión.

En *1908, diez años después de su primera experiencia en Itálica, Huntington fundó la Sociedad Hispánica de América (Hispanic Society of America) que hoy en día es uno de los museos más importantes de la cultura española fuera de España. Ubicada en la ciudad de Nueva York, la Sociedad Hispánica tiene una biblioteca con una gran colección de más de 250.000 libros que tienen que ver con España, Portugal y sus colonias. De esta cifra, 15.000 de estos fueron imprimidos antes del s. XVII. La biblioteca también contiene varios de las escritos de Sor Juana Inés de la Cruz, una de los escritoras más importantes en la historia de la lengua española.

Ahora, en 2009, por primera vez en España, se muestra la colección arqueológica del señor Huntington. Hasta el 30 de abril de 2009, se puede ver la colección en el Museo Arqueológico Regional de Madrid. Luego, entre mayo y julio, se puede verla en Sevilla en el Centro Cultural de la Fundación Cajasol.

(*Corrección: Huntington fundó la Sociedad Hispánica de América en 1904 y su museo abrió en 1908.) in

Feb 24, 2009

La gratitud

Ya estamos en tiempos de crisis. Yo lo sé porque todo el mundo me lo ha dicho y porque ando estos días con un bolsillo flaquito. Los seres humanos tendemos a enforcarnos en lo que no tenemos. Es muy natural, particularmente hoy en día durante estos tiempos de crisis.

¿Pero alguna vez has pensado que seas lo que seas tienes algo que agradecer y por lo que dar la gracias? De hecho cada persona que lee esta entrada tiene algo con lo que dar las gracias. ¿No me crees? Bueno, tienes ordenador e internet, ¿verdad? o por lo menos aceso a internet porque esta entrada no sale en ningún periódico o revista. Tienes ojos que funcionan y sabes leer.

Creo que cada persona, esté donde esté, puede encontrar por lo menos una sóla cosa que tiene por la que puede dar las gracias, aún si solo lo que apreciar es el hecho de que esté viva. Si te encuentras pensando mucho en todo lo que te falta, te recomiendo que intentes pensar en lo que ya tienes y aue lo aprecies.

Confieso que a veces me deprimo con pensamientos sobre lo que me falta. Me falta dinero, me falta trabajo estable, echo de menos a mi perro, etc., pero cuando estoy a punto de hundirme con estos pensamientos, me acuerdo de todo lo que ya tengo.

Tengo mi salud, unos ahorros, tengo mi juicio, tengo mi libertad. Ahora te toca. ¿Qué es lo que tienes que aprecies?

Feb 18, 2009

VEE #040 – Un día de estos

de Gabriel García Márquez

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.

Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.

Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.

-Papá.

-Qué.

-Dice el alcalde que si le sacas una muela.

-Dile que no estoy aquí.

Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.

-Dice que sí estás porque te está oyendo.

El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:

-Mejor.
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