por Verónica Pamaukaghlián
Dicen por ahí que el español del Río de la Plata es uno de los más difíciles de contaminar, y que un uruguayo o argentino por lo general seguirá diciendo “vos” en lugar de “tú” aunque viva veinte años en España o en Puerto Rico. Sin embargo, hace algunos años, cuando visité a una amiga uruguaya en Los Ángeles, me encontré con que ella también utilizaba el Spanglish, incluso conmigo, cuando no lo necesitaba para facilitar la comprensión de su interlocutor.
Mi amiga trabaja en bienes raíces, y su base de clientes en California está mayoritariamente compuesta por latinos, entonces, el hecho de utilizar el Spanglish es casi una condición laboral en su caso.
Cito este caso por eso del extremo arraigo del acento y el léxico de los rioplatenses. Pero el fenómeno está por todos lados, y no solo dentro de las fronteras de Estados Unidos. El mismísimo Bush se sentiría satisfecho si viera y oyera lo que yo misma vi y oí en Cuba hace algunos meses, donde, gracias, en parte, al éxito del reggaetón, las generaciones jóvenes están comenzando a tener cada vez una mayor influencia no ya del idioma inglés, si no del Spanglish en sí mismo.
Pero el Spanglish no existe sólo en Centro y Norteamérica, está por todas partes. Internet, la globalización, la cada vez más rápida circulación de música y películas hacen que las expresiones surgidas del contacto de los hispanohablantes con la lengua y la cultura anglosajonas proliferen y se arraiguen, aún a miles de kilómetros de distancia de las fronteras donde se han originado.
El mundo académico tiene opiniones encontradas acerca de la naturaleza de este fenómeno. Hay quienes consideran al Spanglish una simple contaminación del idioma español, sin ningún mérito para acceder algún día a la categoría de dialecto o variante del español. Por otra parte, existen quienes aceptan y celebran el Spanglish como una legítima defensa cultural creada por los latinos de Estados Unidos, para no perder del todo su identidad hispana.
En mi opinión, toda expresión humana es intrínsecamente válida, simplemente por el hecho de manifestarse en algún lugar y circunstancia. Sin embargo, cuando el Spanglish va ganando terreno al español, de manera tal que los hispanohablantes olvidan y confunden la sintaxis y la gramática de su propia lengua, en todas sus variantes, nuestro idioma se empobrece, al tiempo que se enriquece el Spanglish.
Un caso curioso de la convivencia armónica del inglés con el español es el de Gibraltar. En mi paso por este peculiar territorio del Commonwealth británico, descubrí un interesante fenómeno: los gibraltareños, a además de acuñar palabras propias de vez en cuando, se comunican en español con acento andaluz en los momentos de ocio, pero utilizan un perfecto inglés británico en el trabajo y las ocasiones formales. Este no es para nada el caso con el Spanglish; como mencioné al principio, el Spanglish es moneda corriente en el ámbito laboral.
Es común escuchar por ahí a los puristas de la lengua, diciendo que “cómo vamos a contaminarnos del inglés, si el castellano es muchísimo más rico”. Algo parecido me decía un amigo en Buenos Aires la semana pasada, un amigo cuyo conocimiento de inglés es más bien básico. En realidad, si nos ponemos a analizar la riqueza del inglés en cuanto a sinónimos, poco podemos hablar de “pobreza lingüística”; el problema reside en que el inglés que domina Internet y las comunicaciones internacionales es un inglés empobrecido, que tiene muy poco que ver con el inglés de Shakespeare, a quien se le atribuye, por otra parte, la primera fijación de innumerables vocablos y expresiones. Comparado con el antes mencionado inglés internáutico, el español de Cervantes gana por goleada. Pero, para bien o para mal, hace tiempo que nadie habla como los personajes de Cervantes.
Es sabido que siempre hay algo de reaccionario en poner la medida de hasta dónde es aceptable y en qué momento empieza a representar un peligro un fenómeno de las características del Spanglish. Mi consejo: si escuchan a los pingüinos de la Tierra del Fuego pedirles a sus pares de la Antártida que los “llamen para atrás”, entonces, sálvese quien pueda. (Por los pingüinos de las Malvinas no hay que preocuparse para nada; ellos hablan el inglés de la reina como nadie.)
ALGUNOS ENLACES & PERLAS DEL FENÓMENO “SPANGLISH“:
“Dale un call”, de la letra de LA FUGA de Daddy Yankee, y más letras de Reggaetón.
“Guaflear” (to eat waffles), extraído de la reseña del libro “Spanglish” de Ilan Stevans:
“Carpeta” (alfombra por asimilación a “carpet”), muchos más ejemplos como este en Wikipedia.
“Departamento de soporte al cliente” y más ejemplos de la influencia de la Red sobre el español en el excelente artículo de Xosé Castro Roig.